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lunes, 6 de junio de 2022

Ensoñación del poeta


 


Fragmento del poema Raborá

ENSOÑACIÓN DEL POETA

Algunas cosas se ven
con mayor claridad
en noches de luna llena
porque esa luz voluptuosa
tiene la virtud de iluminar
la porción exacta del pensamiento
que materializa el recuerdo
haciéndolo nítido y palpable.


Tal es la ensoñación del poeta
cuando convierte en sustancia
los versos arrojados
con febril erupción.
Cúmulos de lava candente
crecen como piedra petrificada
en el rincón del armario
en los frascos mohosos
y en cada lugar preciso
de las tinieblas
donde sucumbió el deseo
al abismo profundo e insalvable.

No hay búsqueda infructuosa
sólo una eterna espera
pero al fin
has visto florecer al amor
como un puñado de pétalos suaves
que deshojas tiernamente con la boca.


¡Cuán castrado es mi cuerpo!
Que vulnerable es la centella
cuando pierde su luz espectral
al romperse en mil pedazos los espejos.
Ahora ya nada importa
porque soy la sombra atrapada
en el reflejo
de mi dolorosa verdad
y así como la antípoda
se pierde en la distancia
yo me desvanezco en el tiempo
remoto de la memoria
convertida en polvo
que se hundió en el mar.


Navegan las olas
en el océano de recuerdos
y yo me veo pez y coral
y anémona temblorosa
a veces lirio
triste y sublime
a veces espíritu de fuego
en réplica perfecta
a una razón superior
acorde al movimiento
de la luna que viaja con la noche
como eterna compañera
de luz incierta
y breve canto luminoso.


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sábado, 23 de abril de 2022

Fragmento -1- Raborá

 

Fragmento del poema Raborá

(Obra de Teatro)

Como divino céfiro
circunscribe al cosmos
un espíritu insigne
cuya fúlgida luz concéntrica
y lenta pulsación de onda
adormece al arcano sueño
de eternas orgías vindicadoras.
 

Más Raborá
no pende de un sólo momento luminoso
nace cuando nacen los espejos
sobre las aguas tranquilas
al morir las tempestades
y ausentes los vientos
justo cuando emergen
voluptuosos los astros
arrojados de un frágil universo
carente de memoria
pleno de reticencias
al influjo de las aguas tibias
dispuestas a calmar la sed eterna.

Ahora sé que Raborá
habita los abismos siderales
incitando las tormentas eléctricas
que estremecen el plácido canto
más allá del vértigo de la materia
pálida y desnuda
como esferas danzarinas
dispersas sobre lodo ancestral.

¡Oh hexagrama! Preciso eclipse
sobre la extraña superficie lacustre
en el preludio del breve renacer
con sorda magia ondulante
de líneas paralelas
y cadencia que embruja
el flamante despertar de los poetas.

¿Sabes acaso de otros paisajes
menos sombríos?
¿Tal vez alguna canción que palidece
acechando con grave melodía
en el umbral de la conciencia
sutil cabellera indolente
del glauco rostro de la sinrazón?
 

Mira cómo duermen
los recuerdos coagulados
en el ámbar de antaño
entre los brazos del verso
por donde escala la vida
enigma y principio
cual denso muro
recinto de osamentas
acribilladas de pájaros
que se agitan en la naturaleza
con símbolos inconmovibles.

Y cuando el viento y la gaviota
se forjaron
y la torre y el campanario
y las tinieblas y el incienso
y la cúspide y los aliados
de la Ceremonia del Rito Universal
se presagiaron secretos diabólicos
para complacer a las almas
poseedoras de mentes agudas.

En el crepúsculo
de esta galería antigua y espaciosa
el silencio se cubre de bruma
cuando se anudan los ecos
hasta volverse badajo y campana.
Tocan las sombras
que incendian la noche
con su presencia de espía
en el instante de la premonición
etérea nave
cuando copula el sueño
con su túnica de hojas.

Nadie habitó dos veces
la misma escollera
del barco que zozobra
sepultado en el lóbrego mar
del hastío.

Ya nada es tangible
en la esencia del tiempo
porque somos testigos
de la forma y la sustancia
modelada con paciente
creación inconclusa
como austera casa
que enciende los ojos de luciérnaga
encabritada al precipicio
de la nostalgia.
 

Sólo el llanto de la sirena
aguarda en el sarcófago
lujurioso de la serpiente
que alucina entre la sábana tibia
y la espuma
y el mar frenético
como espectro furtivo
¡OH espíritu!
Vacío de la tumba estéril.

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